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Cork
Cork, o Corcaigh, es la segunda ciudad más grande de la República de Irlanda y un lugar sorprendentemente atractivo, cosmopolita, cultural, y lo mejor de todo, compacto. La ciudad está situada a orillas del río Lee, con su singular casco antiguo situado en una isla entre dos canales del río.
El nombre de la ciudad se deriva de la palabra irlandesa “Corcach”, que significa "lugar pantanoso". Esto hace referencia a que se origino en un grupo de islas en el río Lee, hace más de 800 años. Cork cuenta además con una increíble historia de rebelión contra los británicos, razón por la que ha sido apodada “la rebelde del Condado”.
Ni bien llegamos a nuestro hotel, el Gresham Metropole quedamos encantados con su excelente ubicación, en el corazón de la ciudad, a pocos pasos de tiendas, boutiques, teatros, galerías y atracciones turísticas. Cabe destacar que las habitaciones eran amplias, atractivamente decoradas, y que el desayuno buffet continental, además de ser delicioso, se servía en horario extendido.
Empezamos nuestro día deleitando nuestros sentidos dando un paseo por el English Market. En sus puestos encontramos a la venta todo tipo de sabrosos manjares, por lo que elegimos llevar un poco de todo y nos fuimos de pic-nic al Bishop Lucey Park.
Ansiosos de conocer el centro de la ciudad fuimos hasta Patrick Street, la arteria principal que atraviesa el corazón de la ciudad, con Oliver Plunkett Street corriendo casi paralela a ella. Ambas calles y los callejones y vías que las vinculan forman parte de su bullicioso centro.
Ya que estábamos allí aprovechamos para visitar el Cork Vision Centre, con sus exhibiciones de artistas y fotógrafos locales, y un magnífico modelo a escala del centro de la ciudad. De paso nos tomamos una refrescante cerveza en Beamish & Crawford Brewery, fácil de encontrar ya que se encuentra al otro lado de la calle de la Counting House, un horror arquitectónico de estilo Tudor. También hicimos una breve visita a la iglesia St Anne's Shandon, cuya torre preside la orilla norte del río Lee.
Otro gran lugar para visitar es el Castillo de Blarney, que está a unos pocos kilómetros al noroeste de Cork, en el bosque de Muskerry. El castillo es el hogar de la Blarney Stone, que se dice otorga el don de la elocuencia a todas aquellas las personas que la besen.
Después de un romántico encuentro con la famosa piedra – lo de besarla fue bastante desagradable, por cierto, pero quien sabe, tal vez me convierta en una buena oradora – visitamos su hermoso jardín y la cercana Blarney House, con una exquisita decoración victoriana y candelabros elaborados con cristales Waterford.
A solo 35 minutos de la ciudad se encuentra la Cork City Gaol, la antigua cárcel. Allí puedes ver celdas y recreaciones naturales de las terribles condiciones en que vivían los reclusos en el siglo XIX. Solo puedo decirte que es una conmovedora y memorable experiencia, aunque algo impresionante.
Los restaurantes en Cork son vibrantes y cosmopolitas. Las laberínticas y estrechas calles del centro están llenas de pubs, cafés y restaurantes, muchos de los cuales utilizan ingredientes selectos del cercano English Market.
Coge una mesa fuera en uno de los muchos buenos restaurantes en el Huguenot Quarter, donde además de comer bien podrás ver a los locales prepararse para salir a la noche. Luego únete a ellos en su deambular por tabernas como An Spailpin Fanac, Sin E, Hi-B o Franciscan Well Brewery. Y no te olvides de probar una cerveza Murphy’s Stout!
Si quieres entretenerte con buenos espectáculos puedes asistir al Everyman Palace Theatre, a ver uno de sus aclamadas producciones musicales, o al Cork Opera House, que ofrece interpretaciones variadas como Carmen , Nanci Griffith, o el musical I, Keano .
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